Historia

La familia Belli, los residentes del castillo y la conspiración del Azoth que los conecta a todos.

Despertar encadenada

Fiona Belli, una estudiante universitaria de 18 años en camino a visitar a sus padres, despierta encadenada en el calabozo de un castillo remoto sin recordar cómo llegó ahí. Un Pastor Alemán blanco al que bautiza Hewie araña una puerta podrida y la libera, y los dos se vuelven inseparables durante el resto de la huida — más que una mascota, es su único aliado en un edificio lleno de gente que quiere lo mismo de ella.

Ese algo tiene un nombre que todos en el castillo murmuran como una plegaria: Azoth. Fiona todavía no lo sabe, pero su cuerpo lleva una forma poco común de esa sustancia, y esa es la única razón por la que a los residentes del castillo les importa que exista.

Los residentes del castillo

Mientras Fiona busca una salida, se topa una y otra vez con las mismas tres personas, y ninguna parece querer ayudarla. Debilitas, el jardinero del castillo, tiene el cuerpo de un hombre adulto y la mente de un niño pequeño — según todo indica, un experimento fallido más que una persona normal, lo que explica por qué resiste golpes que detendrían a cualquier otro. Daniella, la criada, resulta inquietantemente perfecta: postura impecable, una voz sin el menor titubeo, movimientos apenas demasiado precisos para ser humanos. Más adelante se confirma que es un ser artificial, un homúnculo que a Lorenzo sí le salió bien. Y Riccardo, el mayordomo encapuchado y armado, no persigue a Fiona para capturarla sino para reclamarla — sus ataques dejan claro que va tras su vientre específicamente.

Vigilando todo desde una silla de ruedas está Lorenzo, un anciano que al principio parece ayudar a Fiona en silencio y a distancia — dejándole una nota, sin interponerse en su camino. Esa impresión no sobrevive al Capítulo 4.

La conspiración del Azoth

Notas y documentos repartidos por el castillo y por la Mansión Antigua que hay detrás empiezan a completar el cuadro: esto nunca fue solo un castillo, es el escenario de décadas de experimentos alquímicos en busca de una sustancia llamada Azoth — algo así como una esencia vital destilada, y Fiona resulta ser una portadora natural y excepcionalmente pura de ella. Los Luminessants, luces flotantes que vagan por los pasillos del castillo, son atraídos específicamente por lo que las notas llaman su "olor a Azoth".

En cuanto Fiona y Hewie fuerzan la puerta sellada de la Mansión Antigua, el verdadero alcance de todo queda claro: todo un complejo subterráneo construido para refinar y extraer Azoth, con laboratorios, una torre de agua y maquinaria que no tiene nada que ver con un hogar familiar. Resulta que Lorenzo no está protegiendo a Fiona de nada de esto — él lo construyó.

El verdadero rostro de Lorenzo

Con la mansión atrás, Fiona descubre lo que Lorenzo realmente quiere: no su cuerpo, como Riccardo, sino su Azoth en sí — extraído directamente de ella mientras sigue con vida. El anciano frágil de la silla de ruedas resulta ser una máscara que oculta algo mucho más antiguo y mucho más peligroso. Tras un enfrentamiento que deja al Lorenzo de la silla de ruedas malherido, surge una segunda versión de él, restaurada — el Joven Lorenzo —, la verdadera amenaza final del castillo, tan poderoso que las armas comunes apenas lo rozan.

Ni siquiera derrotar al Joven Lorenzo termina con esto. Su cuerpo, saturado de Azoth, se niega a quedarse quieto — se reaviva como un cadáver en llamas e imparable del que Fiona solo puede huir, no combatir, mientras la Casa de la Verdad se derrumba a su alrededor.

La huida

Sea cual sea el camino que tome la huida de Fiona, termina en el mismo lugar donde empezó: la puerta principal del castillo. Lo que se lleva consigo al cruzarla — cuánto de sí misma, cuánta confianza de Hewie, si sigue siquiera cuerda — depende por completo de las decisiones tomadas en el camino. El castillo no ofrece un único final; ofrece consecuencias.

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